sábado, 28 de mayo de 2011

Los avariciosos


Existe un ejército inmenso de individuos egoístas, amantes del derroche y el ser ostentoso, unos individuos que no ven más allá de su propio ombligo, su propio interés, su poder, su inmensa riqueza, que, no contentos con que no pare de crecer, aún quieren que crezca más rápido, y cada día más. Su ambición no tiene límites, ni escrúpulos. Nada les importa, nada les preocupa más que engrandecer sus derroches, y riéndose salvajemente de "esos otros" que están ahí fuera cargando con la condena que habría de ser suya, brindan, gastan, y disfrutan de un paraíso fabricado por ladrones. Ni siquiera se esconden, no lo necesitan. Están delante de nosotros, impunes e intocables, nadie les para, y se vanaglorian viendo cada día la facilidad con que desarrollan sus maldades a cara descubierta, delante de todos, enseñándolas a nuestros ojos sin tapujos. Saben que nadie les parará.



¿Nadie?

¿Nadie parará esta carrera descontrolada de robo y avaricia?

Ese detestable ejército de avariciosos ha embargado el futuro del mundo entero para agrandar su dorado presente, ha vaciado el porvenir para llenar hasta el desbordamiento sus ambiciones.

Ese futuro empieza a verse como nubes negras que asoman por el horizonte, y los destinados a malvivir esa miseria emergente no se han quedado mirando, viéndola venir.

Han comenzado a alzar sus voces, han empezado a mirar de frente a esos avariciosos impunes, a plantarles cara y pararles sus pasos. Comienzan a salir, a moverse, a plantarse, a organizarse. Empiezan a crecer, unirse, fortalecerse. Porque sin futuro no hay vida. Porque si dejamos que la avaricia consuma el mundo, no habrá mundo donde vivir.





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