jueves, 2 de abril de 2015

“Largo invierno en Invernalia”



Alzo la vista, miro a través de la fría ventana. Pequeños copos se deslizan por el gélido aire invernal de un pueblo en Finlandia.

No, no es ningún libro ni película, es mi aquí, mi ahora. Son alrededor de las 13:00, 2 de Abril de 2015, me encuentro en Imatra (Finlandia).

Allá en España, a unos cuantos miles de kilómetros resuenan tambores de eso que el pueblo llama Semana Santa, ya es Jueves.

Está siendo un invierno demasiado largo, el más largo de mi vida. Y debería saber a lo que venía, ¿no? En Finlandia uno espera encontrarse largos inviernos, nieve, frío, bosques y lagos. Básicamente sí, eso es lo que hay, lo malo es que no hay nada más, eso es todo lo que uno puede encontrar.

Pero al final, da igual el frío, la nieve o el invierno… Lo que socava el ánimo de quien se aventura a estar aquí es el tedio, la fría monotonía, la soledad profunda y el anodino aburrimiento que sobreviene cada día, uno igual que el otro, uno tras otro. Todos iguales, grises, fríos, aburridos y oscuros. Así durante meses…

Ahora sé el temor que sentían los habitantes de ese mundo imaginario, llamado “los 7 Reinos”, del audaz George R.R. Martin, cuando taciturnos, sombríos, contaban a los jóvenes escuderos, nacidos en el apreciado verano (que allí dura varios años) cómo fue el último invierno…

Cabe preguntarse, ¿por qué estoy aquí? ¿Cómo vinieron mis pasos a dar tan al norte? Más al norte de lo que hubiera estado en mi vida.

¿Por qué?


Una serie de circunstancias, convencionalismos, creencias y “leyendas populares”. Se podría decir que fue todo eso lo que me trajo aquí. Irónicamente, soy mi propio “carcelero”, yo, por propia voluntad, acepté embarcarme en esta aventura de la que se esperaban más agradables recuerdos.


Tristemente, para mí inspira un significado distinto la expresión Erasmus.


Sí, justo eso me trajo aquí, resumiendo todo, una “beca Erasmus” me trajo aquí. En mala hora escuché los cantos de sirena que se ofrecen de esa “experiencia”.




Ocho largos meses han pasado. Y como si fueran años, pesan en mi alma, que no ve el día en que acaben los días grises.

Tras la larga hibernación, se acerca el final de la historia. 36 días, en 36 días huiré para siempre de este triste rincón del mundo, y abrazaré la cálida brisa de las queridas tierras del Sur.

¡Qué gran suerte haber nacido y crecido en un lugar al Sur!, donde la vida tiene más encanto, donde los inviernos son cortos, y los más largos no duran más de 3 meses.








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