Alzo la
vista, miro a través de la fría ventana. Pequeños copos se deslizan por el
gélido aire invernal de un pueblo en Finlandia.
No, no
es ningún libro ni película, es mi aquí, mi ahora. Son alrededor de las 13:00,
2 de Abril de 2015, me encuentro en Imatra (Finlandia).
Allá en
España, a unos cuantos miles de kilómetros resuenan tambores de eso que el
pueblo llama Semana Santa, ya es Jueves.
Está
siendo un invierno demasiado largo, el más largo de mi vida. Y debería saber a
lo que venía, ¿no? En Finlandia uno espera encontrarse largos inviernos, nieve,
frío, bosques y lagos. Básicamente sí, eso es lo que hay, lo malo es que no hay
nada más, eso es todo lo que uno puede encontrar.
Pero al
final, da igual el frío, la nieve o el invierno… Lo que socava el ánimo de
quien se aventura a estar aquí es el tedio, la fría monotonía, la soledad
profunda y el anodino aburrimiento que sobreviene cada día, uno igual que el
otro, uno tras otro. Todos iguales, grises, fríos, aburridos y oscuros. Así
durante meses…
Ahora
sé el temor que sentían los habitantes de ese mundo imaginario, llamado “los 7 Reinos”, del audaz George R.R. Martin, cuando taciturnos, sombríos, contaban a
los jóvenes escuderos, nacidos en el apreciado verano (que allí dura varios
años) cómo fue el último invierno…
Cabe
preguntarse, ¿por qué estoy aquí? ¿Cómo vinieron mis pasos a dar tan al norte?
Más al norte de lo que hubiera estado en mi vida.
¿Por
qué?
Una
serie de circunstancias, convencionalismos, creencias y “leyendas populares”.
Se podría decir que fue todo eso lo que me trajo aquí. Irónicamente, soy mi
propio “carcelero”, yo, por propia voluntad, acepté embarcarme en esta aventura
de la que se esperaban más agradables recuerdos.
Tristemente,
para mí inspira un significado distinto la expresión Erasmus.
Sí,
justo eso me trajo aquí, resumiendo todo, una “beca Erasmus” me trajo aquí. En
mala hora escuché los cantos de sirena que se ofrecen de esa “experiencia”.
Ocho
largos meses han pasado. Y como si fueran años, pesan en mi alma, que no ve el
día en que acaben los días grises.
Tras la
larga hibernación, se acerca el final de la historia. 36 días, en 36 días huiré
para siempre de este triste rincón del mundo, y abrazaré la cálida brisa de las
queridas tierras del Sur.
¡Qué
gran suerte haber nacido y crecido en un lugar al Sur!, donde la vida tiene más
encanto, donde los inviernos son cortos, y los más largos no duran más de 3
meses.
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