En la
vida hay momentos…
y
MOMENTAZOS. Esto son muchos momentos concentrados en una experiencia única, que
suele hacerse corta, muy corta… Los relojes pierden su utilidad, no hay antes o
después, sólo AQUÍ, AHORA.
Cómo
describir esta experiencia… Sólo una palabra: BRUTAL.
Yo, y
15.000 personas más, en un microcosmos en el que el tiempo se para. Cae agua
del cielo, y sube del suelo, por detrás y a los lados. No puedes escapar a su
fresca caricia.
No hay
palabras, porque estoy boquiabierto. Trasciende a la simple fiesta… esto es
algo más, es una experiencia indescriptible. No se puede explicar o contar,
sólo puedes estar allí, y vivirlo.
El
mundo se transforma a tu alrededor, y por unos momentos caminas sobre ríos de
ilusión, te topas con olas de alegría, te caen chorros de felicidad, y te
faltan ojos para mirar a todas partes y a ninguna. Risas, cantos, bailes,
saltos, empujones refrescantes, gritos alegres y pasión, pasión desbordante.
Hay
quienes llevan todo un año esperando…
Yo
llevo toda una vida.
Contemplar,
solamente contemplar y sentir, y vivir. Nada más hace falta.
Una
calle se abre serpenteante en las Alpujarras, convertida en un torrente de
color. Y al fulgor de su chupinazo una vez más Lanjarón se transforma.
Mangueras
de todos los tamaños y formas, cubos de todos los colores, vestimentas de lo
más variopinto… avanza sin prisa la horda del ejército del agua, no queremos
llegar al final.
Brilla
el ingenio y la imaginación, inspirados en esta magnífica aventura. Disfraces,
artilugios y personajes de toda condición. Todos caben en ese mar turbulento de
risas y saltos.
De
repente, como surgido del país de los sueños, aparece un hombre en mitad del
diluvio. A un lado del camino no da abasto cortando jamón, que reparte con
frenesí a los presentes. ¡Qué momentazo! Corta con maestría el preciado manjar,
esquivando como puede los manguerazos y cubazos, y se forma un corrillo,
preparado para el generoso reparto. Ahora sí tiene sentido eso de “Fiesta del
Agua y del Jamón”.
Pistoleros
coloridos, metralletas de diversión, saltos de alegría, diversión a mogollón.
Pequeños,
grandes y medianos, nadie se queda sin su ilusión. Temerosos espectadores miran
cariacontecidos tras cristales de ventanas que se convierten en la pantalla de una graciosa película
viviente.
Zalameras
muchachas por doquier cantan, ríen y bailan, empapados sus cuerpos de tierna
felicidad.
Atrevidos
guerreros lanzan a sus anchas su basta munición. Algunos los esquivan, y otros
buscan su agradable sabor.
Familias
y niños se asoman a balcones, terrazas y puertas. Arrojan sin cesar oleadas
transparentes, que alimentan la fiesta. Y hasta viejecitas en los balcones no
pierden ocasión de divertir y divertirse arrojando más chorros de ilusión.
Se topa
la procesión con un personaje singular, sentado en mitad del camino, mira atrás
pedaleando en su curioso mecanismo, como queriendo escapar así, a
contracorriente, del inevitable final.
Serpentea
la calle, ahora río, camino del final de esta historia. Trágico momento en el
que despiertas del sueño. Los relojes vuelven a funcionar, vuelve a haber
arriba y abajo, derecha e izquierda, antes y después, ahora sobretodo "antes"... Se
va difuminando el paisaje, como disolviéndose en realidad. Se cortan las
cascadas, ríos y torrentes. Se dispersan los guerreros, terminada la
festividad.
Bendito
el momento en que tuvieron su genial idea nuestros guías y maestros en esta
curiosa historia.
Paco “Bricopaco”
y Sergio “SergioPM”, GRACIAS por todo, y hasta la próxima.
SUEÑO
DE UNA NOCHE DE VERANO EN LANJARÓN
23/06/2014

