Incontables días, eterna espera, mirada perdida la que sin ver mira dónde está su destino. Si tras su cautiverio el náufrago olvida cómo hablar, tendrá que aprender un lenguaje nuevo. Si mira atrás querrá olvidar, y vivir un mundo nuevo. Llegar, renacer, volver a crecer. Aprender, reír y sentir, marchar y no mirar atrás, subir hacia el lugar en el que ha de despertar, cuando las estrellas lo hagan llegar, cuando su suerte cambie y el viento llegue a soplar. Sentirá ganas de gritar, y entonces podrá vislumbrar, tan arriba que casi el cielo llegará a tocar, cantando y llorando de nuevo.
